ARTÍCULOS: UNA PANORÁMICA DEL INCIDENTE DE LA PIPER ALPHA
Como Lord Cullen descubrió durante su investigación del incidente de la plataforma Piper Alpha, el asumir que un Superintendente sabrá qué hacer durante una emergencia sobre la base de que él o ella es un funcionario superior administrativo, constituye una asunción redundante y peligrosa.La plataforma petrolera Piper Alpha era una visión impresionante. Se elevaba a cien pies sobre las aguas más furiosas del Mar del Norte. Las luces parecían salpicar alrededor del enorme bloque habitacional diseñado para albergar más de doscientos hombres, al tiempo que la torre de expulsión del gas se recortaba en la distancia como una antorcha gigante encendida, símbolo de orgullo de las miles de toneladas de petróleo que bombeaba hacia la costa. En términos financieros la Occidental Petroleum hacía aproximadamente £3.5m ($6.25 millones de dólares US) al día de la Piper Alpha, lo cual, en su máxima capacidad, representaba el 10% de la producción de petróleo del Reino Unido en el Mar del Norte.
Para el que laboraba a bordo de la plataforma Piper Alpha en la noche del 6 de Julio de 1988, los acontecimientos que tuvieron lugar fueron totalmente aterradores. El pánico y la confusión que estallaron durante la emergencia fueron incrementados por el hecho de que muchos de los trabajadores eran nuevos en esa plataforma y no habían recibido entrenamiento de emergencia ni habían participado aún en un ejercicio de evacuación total. De hecho, no se había llevado a cabo un ejercicio de esa índole desde hacía más de tres años.
Cuando ocurrió la emergencia inicial los que trabajaban en el Cuarto de Control fueron alertados por una serie de alarmas de gas, mientras que el resto del personal escuchaba la explosión o veía el humo. Según los expertos, la mayoría del personal pudo sobrevivir a la explosión del gas, excepto uno o dos hombres que probablemente murieron al instante.
De inmediato, la confusión hizo que el personal comenzara a correr a todo lo largo de la instalación. Esto, a su vez, se tornó en pánico al generalizarse con rapidez fuegos y explosiones. Sin escuchar anuncio alguno por el sistema de voceo con claras instrucciones, los trabajadores trataron de llegar a las estaciones de botes salvavidas, pero para entonces ya era demasiado tarde al haberse cortado todas las vías que conducían a ellas. Los que lograron llegar a las estaciones de botes salvavidas esperaron en vano por alguien que les dijera qué hacer o hacia dónde ir, pero las instrucciones de mando jamás llegaron.
Otro grupo intentó alcanzar los controles que manualmente accionarían el sistema de supresión de incendio de la instalación y cuyo accionamiento automático había quedado inutilizado. Sin embargo, este grupo no tuvo éxito y jamás se le volvió a ver.
El personal comenzó entonces a correr hacia el área habitacional donde estaría protegido por el momento del calor y de las llamas; empero, no del humo asfixiante y de las explosiones. Desafortunadamente, tampoco existía una pared a prueba de ondas explosivas para proteger el área habitacional, por lo que muy pronto ésta se sumergió en un incendio de petróleo. Las malas comunicaciones igualmente evitaron que otras dos instalaciones dejaran de bombear el crudo hacia la misma línea de exportación durante más de una hora después de haber comenzado la emergencia. Al llegar aquel momento el fuego había escalado tanto que ya estaba fuera de control y los trabajadores sólo tuvieron la opción de tirarse sobre el piso y protegerse la boca y el rostro con trapos y telas mojadas.
Al llegar a este punto, uno de los dirigentes superiores intentó tomar el mando, parándose sobre una mesa y gritando al personal, mas nadie podía escucharlo y tampoco le prestaron atención alguna. Ya era demasiado tarde para intentar un liderazgo. Muchos tuvieron la esperanza de que un helicóptero pudiese aterrizar sobre el helipuerto, pero esto ya se había hecho imposible desde la primera explosión. A uno de los hombres se le oyó llamar repetidamente a cualquiera que fuera miembro de la compañía donde él trabajaba. Al preguntarle por qué hacía esto respondió que "no quería morir solo."
Algunos se dieron cuenta ahora de que el único camino para salvarse era lanzarse al mar, por lo que muchos corrieron por las barandillas y saltaron desde una altura de 150 pies hacia la superficie del agua, que ya estaba también cubierta por las llamas. Los que sobrevivieron a aquel salto sólo pudieron decidir quedarse sumergidos o sacar la cabeza hacia el humo y el fuego sobre la superficie. Por desgracia, los que quedaron atrás murieron rápidamente de envenenamiento por monóxido de carbono.
Al final, 62 hombres fueron rescatados de las aguas por helicóptero o por botes, muchos con severas quemaduras y heridas. Murieron 167 más. En sólo pocas horas la Piper Alpha se había reducido a un tocón humeante y ennegrecido, cuya estructura metálica se derretía, hundiéndose en las aguas.
Desde entonces, los cálculos han estimado el costo de la pérdida para la Occidental Petroleum en más de 8.5 billones de libras esterlinas (15.2 billones de dólares US).
“ESTO PUDO EVITARSE”.
Aun cuando la presencia de mejores procedimientos técnicos pudieron haber eliminado las posibilidades de que ocurriese una emergencia, fue la ausencia de un sistema de administración de emergencias, unido con un pobre e insuficiente entrenamiento, lo que contribuyó mayormente a que estallara el pánico a bordo y se perdieran tantas vidas que pudieron haberse salvado.
Es por ello que ha sido desarrollado este único Sistema de Administración de Emergencias en el Mar (SAEM ) Para la Industria del Petroleo y el Gas, con el objetivo de brindar a las empresas del petróleo y el gas las herramientas y procesos completos necesarios que, al ser puestos en práctica con efectividad, facilitarán a la compañía operadora y a sus trabajadores algo que no tuvieron los que se hallaban a bordo de la Piper Alpha: una oportunidad.








